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Good morning dear friends! It’s day 12 of the advent and there’s only 12 days left until Christmas’ eve! How are your preparations going so far? Are you managing to keep your zen this holiday season? Because this is what I want to talk to you about today.

Have you noticed how everybody seems desperate to get together in December but your January calendar is normally empty? Are you running here and there like a headless chicken, trying to get everything ready before the multiple end of the year celebrations?  Did you start tons of decorating, crafting and baking projects but couldn’t finish any and now feel even more stressed out and overwhelmed than when you started? You are not alone. December can be both wonderful and extremely stressful at the same time, and it’s very easy to feel pressured to do things, to buy more…even connecting can feel like a chore when we have to do so with everyone, in special ways and in just 4 weeks time.

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So, this advent, I wanted to bring you something really easy, really simple, that requires virtually no preparation at all but can be just as effective for connecting and having a nice time as the most elaborate celebration: A hot chocolate station that you keep ready for visitors, reading with the children, watching Christmas movies, or simply unwinding after a busy day. I chose hot chocolate because…well, because I love chocolate , but also because it releases endorphin in your brain, and  it feels decadent, like a treat in itself. Also, hot chocolate is a winter classic which admits several variations: You can flavor it with peppermint, cinnamon, nutmeg and even pepper;  you can add to it whipped cream, coconut cream, marshmallows, chocolate shavings; you can mix white and dark chocolate, you can make it with coco, you can drink it thin or thick, like in Spain or in Italy (where they boil chocolate, milk and sugar with a bit of cornstarch because they like “all things to be clear and chocolate to be thick”).

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I wanted the setup to be really easy as well, something that you can pull off with no effort at all, so I thought about a tray, which can be carried around the house and moved if necessary…and you could even enjoy breakfast in bed during the weekends! What you need depends on your taste in chocolate, mine has: chocolate chips (because I like the creaminess they add), white chocolate snowflakes (they are like white chocolate chips, but fancier looking), cinnamon bark, candy cane, a jar of sugar, a box with assorted cookies (yes, that’s one of the times when those recipes and tutorials can be useful!) and a teapot where I put the milk I warm up right before serving. You could use powdered milk and just add boiling water, as well as use one of the many varieties of non-dairy milk (almond milk is my favorite for hot chocolate, but if you are unsure if a person has a food allergy, stick to rice milk instead).  You could also add marshmallows (I didn’t make mine yet) and use a hot cocoa mix instead of chocolate chips. If you don’t like chocolate, you can keep a couple of your favorite tea bags, or coffee (little secret: the chocolate is the excuse).

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I find that having the tray already set up makes me look for ways to slow down, and just enjoy a cup of chocolate and a couple of cookies. It avoids the stress of having to think what to serve if someone comes home and it is a welcoming, nice excuse for a simple, fuss-free way to gather with loved ones. My former boss used to bake cookies and offer them to clients when it was time to give them some bad news. When people were happily munching and complimenting her baking skills, she would deliver the news and, she said, they were received better than if given without them. Small treats have that special power, of making good things seem better and hard things easier to bear, possibly because we associate them with our childhood, that time when the World seem huge and our homes were always a safe heaven.So this holiday season, let’s use those powers to bring us closer to the ones we love, to let us appreciate and enjoy all the blessings in our life.

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 Con sabor latino…

Buenos días queridos amigos! Día 12 del adviento, y ya faltan sólo 12 días más para la nochebuena. Cómo van sus preparativos? Están logrando mantenerse en estado zen estas fiestas? Porque de eso quiero hablarles hoy.

¿Se dieron cuenta que todo el mundo parece desesperado por juntarse en Diciembre pero la agenda está vacía para el mes de enero? ¿Estan corriendo como gallinas sin cabeza, para todos lados y sin parar, intentando dejar todo listo antes de todas las fiestas y celebraciones de fin de año? ¿Comenzaron millones de proyectos de decoración, cocina y manualidades sin poder terminar ni la mitad y ahora se encuentran más estresados que antes, frustrados y más agobiados que antes?  No están solos, no son los únicos. El mes de diciembre puede ser maravilloso pero tambien puede ser extremedamente estresante y es muy facil sentirse presionado para hacer más cosas, comprar más objetos…hasta conectar con nuestros seres queridos puede sentirse como una obligación cuando tenemos que hacerlo con todo el mundo, de manera especial, y en el corto plazo de 4 semanas!

Por todo esto, este adviento quise buscar una manera muy pero muy facil, que no requiere prácticamente preparación alguna, pero que puede ser igualmente efectiva para juntarnos y pasar un momento agradable que la más elaborada de las celebraciones: una estación de chocolate caliente, siempre lista por si vienen visitas, para tomar mientras leemos con los niños, mientras miramos peliculas navideñas o bien para relajarnos al final del día.  Elegí chocolate porque…bueno, porque me encanta, pero también porque llena nuestro cerebro de endorfinas, es decadente y, al tomarlo, sentimos siempre que nos estamos dando un gusto especial. Además,el chocolate caliente es un placer invernal que admite muchas variantes: podemos saborizarlos con menta, canela, nuez moscada y hasta pimienta; podemos agregarle crema batida, crema de coco, marshmallows (nubes), chocolate picado; podemos mezclar chocolate blanco y chocolate amargo; podemos hacerlo con cacao, podemos tomarlo ligero o bien espeso, como en España e Italia (donde es casi como un postre, porque le agregan fécula de maiz ya que ” las cosas deben ser claras y el chocolate, espeso”).

Quise, como les decía,  hacer algo fácil de poner en práctica y versatil al mismo tiempo, y por eso elegí una bandeja, que puede moverse a través de la casa, y trasladarse de ser necesario…y que hasta podríamos transformar en un desayuno en la cama el fin de semana! El contenido de la misma depende de qué les guste más.La mía tiene: chispas de chocolate, porque me encanta la cremosidad que aportan, copos de nieve de chocolate blanco (como chispas, pero más vistosas), barras de canela, bastones de caramelo, una azucarera, una caja con galletitas surtidas (para esto sirven, por ejemplo todos esos tutoriales y recetas!) y una tetera donde coloco la leche, que caliento justo antes de servir (no tengo termo). Pueden usar tambien leche en polvo y simplemente agregar agua, así como una de las tantas variedades de leches vegetales (mi preferida para el chocolate caliente es la leche de almendras, pero si tienen dudas acerca de su invitado tiene alergias alimentarias, es preferible usar leche de arroz). Tambien pueden agregar marshmallows (yo aun no hice los míos), y optar por cacao en lugar de chispas de chocolate.  Es más, si no les gusta el chocolate, pueden poner sus saquitos de té preferidos, o café (secreto: el chocolate es la excusa).

Yo siento que tener la bandeja ya lista y esperando me ayuda a desacelerar, a hacerme el tiempo para una tacita y un par de galletitas. Elimina el stress de tener que pensar qué ofrecer a las visitas, y es una linda excusa para juntarnos con seres queridos sin demasiada pompa ni preparativo. Escribo esto y recuerdo una anecdota de mi ultimo trabajo: Mi ex jefa (uno de los seres humanos mas maravillosos que he conocido) solía hornear galletitas cuando tenía que dar malas noticias a sus clientes. Preparaba una bandeja, les servía te, y cuando ellos estaban disfrutando y elogiandole sus dotes de repostera, ella decía lo que tenía que decir. Invariablemente, me comentaba, las noticias eran mejor recibidas que cuando no servía nada. Los pequeños gustos tienen ese poder especial de hacer que lo lindo sea más lindo y lo dificil más facil de llevar, quizás porque los asociamos con nuestra infancia, aquel tiempo en que el mundo parecia enorme y nuestra casa el lugar más seguro del mundo. En estas fiestas, usemos esos poderes especiales para acercarnos a quienes amamos, para pisar el freno, apreciar y disfrutar de todas las bendiciones que tenemos en nuestra vida.

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